Moritz Rinke
Foto: Quelle: Rowohlt Verlag

Moritz Rinke

Nacido en Worpswede (Alemania), Moritz Rinke es uno de los principales escritores de su generación y dirige el programa de autores del teatro Berliner Ensemble.

“Hace un par de días hablé por teléfono con mi antigua profesora de inglés de la Escuela Waldorf de Ottersberg (Alemania), que también se encargaba de poner en escena y supervisar las funciones teatrales de la escuela por ejemplo, la función de octavo. Entretanto, ya debe de rondar los noventa pero levantó rápidamente el auricular del teléfono para felicitarme por mi nombramiento de la Berliner Ensemble. Escuchar su voz  de anciana pero todavía familiar fue como volver a estar de golpe en el escenario de la escuela, en plena infancia. Probablemente por eso estoy tan agradecido a la escuela. Nos dejaba jugar, probar, fantasear como estaba previsto para los escolares en una sociedad que tal vez entonces ya estaba orientada al rendimiento. Y hablando por mí, solo puedo decir que así lo he ganado todo.“

Foto: Quelle: Rowohlt Verlag
Sarah Wiener Bienenbotschafterin
Foto: Quelle Doris Heinrich Photography

Sarah Wiener

Sarah Wiener es la embajadora de las abejas de Waldorf 100. Estudió en una escuela Waldorf de Viena y hoy es una conocida cocinera televisiva. Además, está implicada en una fundación vienesa en favor de “los niños sanos y una alimentación razonable.”

“Las abejas son unos seres vivos fascinantes, bonitos e indispensables, un súper organismo, del que podemos aprender mucho, ni las plantas ni los animales pueden vivir sin el diverso mundo de las abejas, las personas tampoco. Nuestra vida está estrechamente ligada a las abejas. No obstante, a las abejas a menudo tienen dificultades a causa de nuestro tipo de agricultura y apicultura. Me alegra que el proyecto Waldorf 100 quiera ubicar al menos una colmena en cada una de las más de 1.000 escuelas Waldorf de todo el mundo. Porque así alumnos y alumnas podrán entender estupendamente las complejas relaciones de nuestro ecosistema. ¡Y, por supuesto, que todos puedan gozar de la miel, lo encuentro genial! Por eso estoy encantada de ser embajadora y difundir la idea para apoyar la diversidad biológica y el comportamiento ecológico.”

Foto: Quelle Doris Heinrich Photography
Samuel Weiss
Foto: Quelle Deutsches Schauspielhaus Hamburg

Samuel Weiss

Nacido en Männedorf, cerca de Zúrich (Suiza), Samuel Weiss es un conocido actor de teatro. Además actúa en producciones cinematográficas y televisivas y es un laureado actor de teatro radiofónico. Con motivo del Centenario Waldorf, es miembro del jurado del Concurso de teatro.

“Cuando pienso en la escuela Waldorf primero pienso en una frase de Joseph Beuys: ‘Qué ha sido realmente de los alumnos Waldorf; de todas estas personas que cambian el mundo?’“

Así que primero siento esta obligación de contribuir, esa carga de tener que ser especial. Hasta la fecha ni he salvado el mundo ni me gusta cuando alguien me pregunta si sé bailar mi nombre. No me atrevo a afirmar que mi profesión cambia el mundo y, sin embargo, no hubiera sido actor sin la Escuela Waldorf. En la obra del doceavo grado tuve que representar al viejo Rey Lear. Es un papel que de hecho también es demasiado grande para un actor consolidado. A los diecisiete años, al menos sesenta años demasiado joven para el papel, intenté aventurarme en la locura de Shakespeare algo que desde luego me superó. Quería estar a la altura de ese monumental papel, llevando mis sentimientos a lo monumental a toda costa. Así que mi mayor deseo era poder llorar realmente desconsoladamente, deshaciéndome en un mar de lágrimas en mi última aparición con Cordelia muerta en los brazos. Para que realmente funcionara, ideé un truco. Justo antes de entrar en escena me puse a escondidas pasta de dientes en el ojo. Pero no surtió efecto. En vez de salir al escenario llorando, aparecí con los ojos espumeantes. El dentífrico era visible a ojos de todos y la situación por su puesto totalmente ridícula. No obstante, ocurrió un milagro, el público estaba en cierto modo emocionado, un proceso que aún hoy no me puedo explicar realmente. Puede que el público, detrás de ese truco desdeñoso con el dentífrico, viera un auténtico intento de acercarme a una emoción que era más grande que yo mismo. Precisamente, si se quería ver, lo ridículo remitía a lo sublime. Tal vez lo que había emocionado a los espectadores era que alguien se expusiera a esta contradicción entre la ridiculez y la locura. Y así di, si bien de forma involuntaria, con la esencia de la obra de Shakespeare. Puede que en este segundo yo fuera realmente algo especial, puede que también algo solo especialmente singular. He aquí la esencia de lo que me llevaría de la Escuela Waldorf. Por un lado, solo allí tuve la posibilidad de hacer de verdad mis pinitos artísticos con la literatura universal. Por otra parte, y eso me parece más importante, la Escuela Waldorf, había conseguido despertar mi curiosidad de simplemente probar las cosas. Y me dio el coraje de aguantar incluso cuando parece que uno está haciendo el ridículo.

En un mundo cada vez más frío y uniforme considero que esto es como un regalo. Aunque solo Josep Beuys podría decir si basta con dentífrico en el ojo para pasar a la elite.

En esto sentido: Querida Escuela Waldorf, ¡Felicidades en tus primeros cien años!

Foto: Quelle Deutsches Schauspielhaus Hamburg